El rostro de las emociones

El rostro de las emociones, de Paul Ekman, nos demuestra que conocer a alguien sin mediar palabra es posible.


Reconocer el sentir a través de las expresiones es una tarea complicada pero posible. Al menos así lo asegura el doctor Paul Ekman, autor del libro «El rostro de las emociones», un compendio que intenta decodificar y darle un significado a la expresión humana.

El libro, una obra científica que engancha, nos sumerge en un universo paralelo que está a nuestra disposición de forma inmediata, pero que no sabemos reconocer: está allí, en los ojos tristes de un amigo, en ese ceño fruncido característico de nuestro jefe, en las comisuras caídas de una viuda, en la sonrisa triste de un viudo. Ekman aprende a reconocer todas esas sensaciones a través de los gestos y nos enseña a darles una mirada para afrontar con mayores recursos una materia que no se enseña en ninguna parte del mundo: el de las relaciones sociales.

El libro dedica un capítulo a lo que considera las emociones principales, a continuación: la ira, la sorpresa y el miedo, la tristeza y la angustia, y el asco y el desprecio. Al final cierra con un resumen de treinta páginas sobre las emociones agradables, como la alegría, el alivio o aquella que expresa la felicidad en demasía: el éxtasis.

Pero, a pesar de la muestra, pone mucho énfasis en una en particular: la ira. Lo considera un estado difícil de controlar y su carácter de impredecible y más instintivo lo convierte en extraño como objeto de estudio. Es, a su vez, el que más fascinación produce, puesto que guarda en sí lo más oscuro del lado humano.

 

 

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