¿Por qué escribir?

¿

Hace ya  mucho tiempo me hice esta misma pregunta, y publiqué un artículo de índole similar en un blog ya difunto. No recuerdo exactamente lo que puse en aquél momento, pero los tiempos cambian y, en mi caso, estos últimos cinco años han sido benévolos conmigo,  porque me han permitido virar el timón hacia la dirección que yo quería.

Al cambiar la ruta, el sentido de mi escribir también ha cambiado. Antes eran una forma inequívoca de llevar un registro sobre la huída que hacía de mí mismo. Ahora que esa huída ha terminado, el fin es un sentimiento bien expresado. Estoy intentando guiar mis palabras hacia una honestidad total.

Porque la honestidad libera. Y las palabras empoderan. Además, me divierte mucho hacer travesuras con ellas, conjugarlas buscando un sentido ínclito, unir un sustantivo y un adjetivo ( sin los excesos — aunque bien hechos— de García Marquez )  para ampliar  significados y cadencias,  y aprender a desglosarlas y maniatarlas con el único fin de exponenciar ideas y sentimientos.  En mi caso es un actitud muy egoísta, porque me regocijo  conmigo mismo transgrediendo el lenguaje y he convertido a la escritura en método para allanar a la soledad, que antes me perturbaba y ahora me sosiega.

¿Y por qué me obsesiona tanto escribir? Hace ya un par de décadas que quedé completamente convencido del tremendo poder de la literatura cuando escuché a un amigo poeta,  en aquél entonces juglar de cantina, recitar aquella parrafada genial del colombiano José Manuel Marroquín, que en su poema “La serenata”, había tergiversado las palabras de forma excepcional para convertirlas en arte:

Ahora que los ladros perran,
Ahora que los cantos gallan,
Ahora que albando la toca
Las altas suenas campanan,
 
Y que los rebuznos burran,
Y que los gorjeos pájaran
Y que los silbos serenan
Y que los gruños marranan
 
Yo, friando de tirito,
Si bien el abrasa almada,
Vengo a suspirar mis lanzos
Ventano de tus debajas.

 

Este poema y la forma magistral en la que el autor enmaraña los términos, sin quitarles sentido y empujándolas con más fuerza en el sentir del lector , me convenció de la belleza de las palabras. También fueron cómplices de este designio los clásicos de García Márquez; “El Lobo Estepario” de Hess; “Tokyo Blues” de Murakami; “El pez en el agua” y “Conversación en la Catedral”,  de Mario Vargas Llosa; “El Mossad”, de Gordon Thomas; “Los Miserables”, de Víctor Hugo y un sin número de obras que ahora no recuerdo pero que de una u otra forma cimentaron ese gusto por la lectura y la escritura que llevo conmigo desde épocas anteriores a mis recuerdos, porque ya mi madre me decía que de niño, en pañales y con el bacín en la mano, me hacía a un lado de la habitación para hacer de vientre y meditar tranquilo sentado con un libro para niños o una revista de historietas: el eterno Condorito, quien creo es el único chileno que ha sido recibido con los brazos abiertos en los hogares ochenteros peruanos.

Pero, más allá de todo esto, leer y escribir son las puertas que siempre me han guiado al conocimiento. Siempre he liberado las ansias gracias a la lectura — incluso, el oficio de programador, lo aprendí leyendo — y el aprendizaje en sí me ha dado tranquilidad, una reminiscencia indiscutible a lo largo de estos cuarenta años.

Porque ambos, aunados a la palabra hablada, ese don que tenía escondido y que estoy aprendiendo a deslizar, lo liberan a uno de sus peores neuras. Porque no hay mejor herramienta que el lenguaje  para aprender a lidiar con la única persona que nos va a acompañar hasta el día que salgamos con los pies por delante: nosotros mismos.

 

 

Comenta

Ricardo Granda Vásquez

Mi nombre es Ricardo Granda y esta es mi nueva aventura. Hasta hace algunos años, cuando todavía creía en la redención gracias al periodismo, me dedicaba a escribir, contar historias. Después, un dolor, un viaje, un destino más allá del mar, a diez mil kilómetros de casa, cambiaron el futuro que yo tenía planeado. Un segundo viaje, un nuevo dolor, amar en distintos idiomas, y una deuda pendiente: escribir. Ahora tengo historias propias que quiero narrar. Y con esta página, estoy comenzando a pagar mi deuda con esa maestra vida: la literatura.

¿Nos ponemos en contacto?

¿Sientes un leve temblor cuando lees sobre literatura? ¿Me estoy olvidando de algo en esta web? ¿Te gustaría sugerir algún contenido ? ¡Conversemos!