El rostro de las emociones

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Reconocer el sentir a través de las expresiones es una tarea complicada pero posible. Al menos así lo asegura el doctor Paul Ekman, autor del libro "El rostro de las emociones", un compendio que intenta decodificar y darle un significado a la expresión humana. El libro, una obra científica que engancha, nos sumerge en un universo paralelo que está a nuestra disposición de forma inmediata, pero que no sabemos reconocer: está allí, en los ojos tristes de un amigo, en ese ceño fruncido característico de nuestro jefe, en las comisuras caídas de una viuda, en la sonrisa triste de un viudo. Ekman aprende a reconocer todas esas sensaciones a través de los gestos y nos enseña a darles una mirada para afrontar con mayores recursos una materia que no se enseña en ninguna parte del mundo: el de las relaciones sociales.

El libro dedica un capítulo a lo que considera las emociones principales, a continuación: la ira, la sorpresa y el miedo, la tristeza y la angustia, y el asco y el desprecio. Al final cierra con un resumen de treinta páginas sobre las emociones agradables, como la alegría, el alivio o aquella que expresa la felicidad en demasía: el éxtasis.

Pero, a pesar de la muestra, pone mucho énfasis en una en particular: la ira. Lo considera un estado difícil de controlar y su carácter de impredecible y más instintivo lo convierte en extraño como objeto de estudio. Es, a su vez, el que más fascinación produce, puesto que guarda en sí lo más oscuro del lado humano.

 

 

El rostro de las emociones
El rostro de las emociones
Editorial
Publicación21-10-2017
Reconocer el sentir a través de las expresiones es una tarea complicada pero posible. Al menos así lo asegura el doctor Paul Ekman, autor del libro "El rostro de las emociones", un compendio que intenta decodificar y darle un significado a la expresión humana.
Categoría
Edición1
Número de páginas320
ISBN849296698X
ASINB075T2Y3R1
Goodreads ID36326603

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Ricardo Granda Vásquez

Mi nombre es Ricardo Granda y esta es mi nueva aventura. Hasta hace algunos años, cuando todavía creía en la redención gracias al periodismo, me dedicaba a escribir, contar historias. Después, un dolor, un viaje, un destino más allá del mar, a diez mil kilómetros de casa, cambiaron el futuro que yo tenía planeado. Un segundo viaje, un nuevo dolor, amar en distintos idiomas, y una deuda pendiente: escribir. Ahora tengo historias propias que quiero narrar. Y con esta página, estoy comenzando a pagar mi deuda con esa maestra vida: la literatura.

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