Ojalá

Debo reconocer que nunca había sido admirador de la literatura novedosa, de esos escritos escondidos que yacen en un universo paralelo al mundo de los libros convencionales,  y que ahora han ampliados sus horizontes gracias a las redes sociales y la auto publicación. Los nuevos autores siempre me habían provocado algo de recelo, supongo que por un sentimiento narcisista y que poco tenía que ver con el gusto por la lectura y la literatura. Y, sobre todo, porque ahora pretendo convertirme en uno.

Hace unos días llegó a mis manos, gracias a esa nueva magia comunicacional que se ha logrado a través de las redes sociales, un libro auto publicado. Cuando lo recibí, la obra, de nombre “Ojalá”, no me produjo mayor ensueño: no se me crisparon los ojos, ni tampoco tuve alguna sensación abrupta cuando lo recibí. Sin embargo, decidí leerlo, como quien dice, para matar la curiosidad que uno lleva dentro.

Al comenzar la lectura, encontré mucho ritmo en los escritos, párrafos que parecían morir por ser poesía, pero sin llegar a serlo por intencionalidad propia de la autora.  Se dejaba leer con facilidad y lo más importante: no me provoco la reacción inesperada de cerrarlo sin piedad alguna — como sí me ha pasado en varias ocasiones y con ejemplares de autores bastante conocidos — . Por el contrario, aunque encontraba algunos sinsabores con respecto a la temática ( en algunos momentos se pone un poco “ñoño”, con una carga emocional bien escrita pero poco desarrollada ), me animé a leerlo hasta el final.

La pluma de la autora, que está guiada por la poesía, es de una calidad en ascenso, pero los temas son mirados de forma superficial, quizás porque ese meticuloso cuidado que existe con las palabras aleja el foco del mensaje en sí.

El libro es una suerte de viaje por los pensamientos de la autora, travesía en la cual algunos destinos son gratos, como el que le da el título al libro y que convierte una interjección en un personaje, y otros que no lo son tanto, como aquellos que buscan describir una palabra con palabras que nacen de cada una de las letras de la palabra en mención. Este último se presenta como un juego que intenta innovar, pero que pierde y disminuye la fuerza  del todo una vez ya inmerso en él.

La pluma de la autora, que está guiada por la poesía, es de una calidad en ascenso, pero los temas son mirados de forma superficial, quizás porque ese meticuloso cuidado que existe con las palabras aleja el foco del mensaje en sí. Un debut bien, con sus soles y que a pesar de los bemoles, le dan a uno la idea que se puede salir airoso en este difícil oficio que es el escribir.

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