García Márquez en Europa


Acabo de saltarme con garrocha el tremendo prólogo que precede a los textos de “De Europa y America: obra periodística”. Un compendio en el que García Márquez muestra sus artículos como corresponsal aquí en el viejo continente. Me lo he saltado porque la impaciencia se me estaba desbordando por las glándulas: son nuevos para mí, yo que pensaba que ya había leído todo sobre él. Pero se aparece este nuevo libro para alegrarme esta tarde nebulosa, con visos de lluvia, en la costa mallorquina.

Es una lectura que no llega ni antes, ni después, sino en el momento que debía llegar: ahora que estoy retomando este blog para no dejarlo más. Quiero aventarme a él sin el temor de las expectativas, bajar la velocidades e ir sin pausa. Y es que acabo de pasar por uno de esos cónclaves personales que te ayudan a tomar decisiones. Sobre todo porque uno es más consciente de un hecho ineludible: el tiempo se acaba, y hay cosas que no se pueden dejar atrás. A veces tendemos a postergar nuestras propias verdades por temor a que aquello que encontremos nos desilusione. Cuando en realidad, lo único que debería herirnos es el no hacer nada por aquello que realmente nos mueve.

Leo la primera entrega, en la cual Gabo narra el encuentro de cuatro líderes en Ginebra, y la prosa no me parece excepcional. Sin embargo, recuerdo que en ese prólogo que dejé inconcluso decía que el autor daba visos del estilo hiperbólico de “Cien años de soledad” y me entusiasmo. Después de todo, su pasión fue la escritura, y la cultivó a través del periodismo escrito. Al que llamo alguna vez “el oficio más bonito del mundo”. Recuero esa frase y siento un ánimo que se va acentuando cada vez más en las últimas semanas.

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